Hipotecas para adquirir una segunda residencia

Si se paga más intereses cuando nos hipotecamos para comprar una segunda residencia, sin duda que las entidades financieras normalmente aplican un tipo de interés más elevado en este tipo de productos porque asumen un riesgo mayor.

El riesgo asumido por las entidades financieras frente a estas hipotecas se relaciona con la menor necesidad de las segundas residencias (es un inmueble “capricho”) y, por tanto, la mayor facilidad de dejar de pagar.

Es decir, si una familia pasa por dificultades económicas lo más probable es que primero deje de pagar las cuotas de la hipoteca de la segunda residencia, ya que si pierde este inmueble no es tan grave como si le embargan la vivienda habitual.

Además, se trata de viviendas que normalmente están en zonas no urbanas y de difícil recolocabilidad, hecho que provoca que sean operaciones menos interesantes para las entidades. Si el titular es demasiado optimista (por ejemplo, si cuenta con ingresos de un posible alquiler) y no se hace un buen análisis, se puede producir un sobreendeudamiento si finalmente no se consiguen los ingresos extra con los que contaba.

Por estas razones, y por otras, las entidades financieras hacen una distinción entre las hipotecas destinadas a adquirir una vivienda habitual y las que son para comprar una segunda residencia. Para ser más selectivos con el tipo de clientes a los que conceden estas hipotecas, los bancos ponen otras limitaciones a las hipotecas que se destinan a una segunda residencia.

Por un lado, suelen financiar un porcentaje menor del valor de la vivienda, suele rondar entre el 55% y el 70% del valor de tasación o de compraventa. Por el otro lado, el plazo máximo de financiación también suele ser menor, normalmente ente los 20 y 30 años.

Cada entidad financiera sigue su propia estrategia decidiendo si prefiere incrementar el interés, reducir el porcentaje financiado o disminuir el plazo de financiación, o bien aplica más de una limitación.

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